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jesus manuel cedeira costales

mis cosas

Jesús Manuel Cedeira Costales

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maria y la mision de la iglesia

18 de Septiembre.


 En el nombre del Padre...


 Nuestra esperanza es María, a ella acudimos pidiendo auxilio para vernos libres de nuestros males; ella nos so-corre. Y nos convoca hoy como a los discípulos en pentecostés, en este terruño, donde ella ha pedido establecerse en Asturias. Ella hoy, quiere acrecentarnos nuestra fe y alimentarnos de la palabra viva, para que como familia de Schoenstatt en Asturias, seamos como los primeros discípulos: Mirad como se aman.

Escuchemos la palabra de Dios.

De los Hechos de los Apóstoles 1, 14
    Todas ellos se dedicaban a la oración en común junto con algunas mujeres, entre ellas María la madre de Jesús.

Palabra de Dios.


    La Virgen María ha recorrido los caminos de la fe, que son de confianza y abandono en la Palabra de Dios, – que ella siempre acogió a modo de luz en el sendero de su vida –, y por ello goza ya ríe la gloria de Dios a cuya derecha está de pie, como reina preciosa. Asunta al cielo es para la Iglesia signo de esperanza segura.
    El paso del hombre por este mundo está llamado a terminar bien. En el regazo de Dios. La Iglesia, ansiosa de estar con Cristo, sigue los pasos de la Virgen a fin de llegar a la glorificación que le corresponde como cuerpo que es del Hijo de María. María es la estrella que anuncia el día y que, por ser este día ya todo de Dios, no conoce atardecer.

 A cada petición digamos:

Intercede por nosotros Madre del Señor.


• Ruega ¡oh María! por el Pueblo de Dios
• Protege al Papa
• Ayuda a nuestro Obispo
• Haz que haya paz entre los pueblos
• Conserva en el amor a los esposos
• Cuida de los que no tienen trabajo
• Que los jóvenes y los niños crezcan en sabiduría
• Protege a los pobres
• Consuela a los enfermos
• Haz que desterrados y emigrantes puedan volver a la Patria
• Sé alivio de los moribundos
• Intercede por los que han muerto.

Si alguien trajo su capital de gracias que lo deposite dentro del cántaro.

Renovación de la alianza, según costumbre.






SANTA CRUZ

1

Tiempo Ordinario

Exaltación de la Santa Cruz

“Cuando me eleven sobre la tierra,

atraeré hacia Mí todas las cosas

14 Septiembre 08

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único,

para que no perezca ninguno de los que creen en Él,

sino que tengan vida eterna

La fiesta que hoy celebramos tiene su origen en Jerusalén, en los primeros siglos del

Cristianismo. Se comenzó a festejar en el aniversario del día en que, por intervención de Santa

Elena, se encontró la Cruz de Nuestro Señor, que estaba perdida. Posteriormente, a principios

del siglo VII, el ejército persa saqueó Jerusalén y se apoderó de las sagradas reliquias de la

Santa Cruz. Éstas serían recuperadas pocos años más tarde por el emperador Heraclio y,

recordando este momento, celebramos, el 14 de septiembre, el día de la Exaltación de la Cruz.

Estamos muy acostumbrados al signo de la cruz. Todos tenemos alguna cruz que nos ayuda a

rezar y a acercarnos a Cristo. Sin embargo, ante una celebración como ésta, reflexionamos y

nos damos cuenta de lo que nos cuesta de verdad mirar la cruz descarnada de Cristo. En

ocasiones preferimos ver a Cristo ya resucitado en la cruz. O tal vez un madero donde no

aparezca Cristo crucificado. Quedarnos rezando ante un Cristo muerto o agonizante en su

cruz nos conmueve. Sabemos cuánto lloraba Francisco de Asís al contemplar la cruz de Cristo.

Lloraba por su dolor, lloraba por los propios pecados, lloraba por los pecados de los hombres

que no aman.

Hoy queremos adorar con sencillez la cruz de Cristo. Queremos mirarla: mirar la cruz es

colocar ante nuestros ojos aquella cruz que cargo en el alma y que me quita la paz. Queremos

besarla: besar la cruz es besar la llaga dolorosa que en mi corazón sangra y me impide con

frecuencia caminar. Lo queremos hacer con humildad. La cruz se eleva ante nuestros ojos y

sabemos que si la miramos, si no separamos nuestros ojos de ella, recuperaremos la vida.

Porque la cruz no es la última palabra de Dios sobre nuestras vidas. La cruz es el camino de la

vida, de la Gloria, de la Resurrección. Si evitamos mirar la cruz, si huimos de ella, viviremos

para la muerte, desesperados y sin confianza en la mano de Dios que conduce nuestras vidas.

Os invito a tocar hoy la cruz, a besarla, a abrazar a Cristo crucificado, muerto por amor en

nuestras manos.

En la primera lectura de hoy escuchamos el pecado del pueblo que conducía Moisés:

"¿Por qué

nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese

pan sin cuerpo."

El pueblo desconfía, no puede soportar el dolor, la propia cruz. Tiene hambre

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y sed, no quiere la muerte. Muchas veces experimentamos lo mismo en nuestra vida.

Perdemos la esperanza, desconfiamos de la promesa de Dios cuando las circunstancias se

ponen difíciles. Creemos que la cruz es demasiado pesada, que no seremos capaces de

soportarla. En esos momentos nos desanimamos y queremos regresar, volver al lugar previo a

la conversión, al encuentro con Cristo. ¿Por qué Dios nos hizo pensar que estábamos llamados

a la felicidad? El peor pecado del hombre es pensar que Dios no tiene respuestas, creer que

nos ha engañado y nos ha dejado solos en nuestro dolor. Es el pecado del que se siente

abandonado y solo, como si Dios ya no nos amara cuando había prometido un amor eterno.

La consecuencia de la desesperanza de los judíos es la mordedura de las serpientes, que causa

la muerte: “

El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron

muchos israelitas”.

Estaban extenuados, porque no aceptaban el cansancio como parte del

camino, la cruz como lugar de salvación. Se rebelaron porque desconfiaron y, al llegarles la

muerte, suplicaron a Moisés:

"Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para

que aparte de nosotros las serpientes." Hacen lo que hacemos con frecuencia en nuestra vida,

piden que se aparte el mal, que desaparezca el dolor. No soportan la muerte. Reconocen el

pecado pero no pueden enfrentar esa consecuencia que mata sus vidas. Muchas veces

nosotros pedimos como ellos. Deseamos que se acabe el sufrimiento, que parece no tener

sentido. Lo hacemos como niños, como hijos que saben que el corazón está hecho para la vida,

para el amor eterno, para la felicidad más plena. Como niños que no comprenden que la

muerte pueda tener la última palabra.

Los judíos, en ese momento de desesperación, miran a Moisés y piden que se acaben las

serpientes. Piensan que es la única salida, el único camino que se puede recorrer con

esperanza. Sin embargo, Dios le dice a Moisés:

"Haz una serpiente venenosa y colócala en un

estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla." Dios no elimina las serpientes,

que es lo que nos hubiera parecido más fácil y lógico. Dios no acaba con la causa de la muerte.

Al contrario, la eleva, la exalta, la coloca en lo más alto para que todos la vean. Parece

paradójica la respuesta de Dios. Es la misma respuesta que nos da hoy en la fiesta de la

exaltación de la cruz. No nos quita la cruz, que es lo que con frecuencia pedimos. Nos la pone

ante nuestros ojos, para que la miremos con fe y seamos salvados. “Moisés hizo una serpiente de

bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de

bronce y quedaba curado.” Mirar la cruz, contemplar a Cristo en la cruz, salva nuestras vidas, le

da sentido al dolor del camino, a la cruz que cargamos en el corazón, porque Él la ha cargado

antes que nosotros, por nosotros, para nuestra salvación.

“Lo que no es asumido no es redimido”,

decía San Ireneo. Cristo asumió nuestra condición

humana menos en el pecado y por eso fuimos redimidos en nuestro ser hombres. Asumió

nuestra carne limitada, débil, enferma. Asumió nuestro deseo de infinito, nuestra soledad,

nuestro deseo de amar y ser amados. Asumió lo que somos para que pudiéramos ser salvados

en nuestra integridad. Por la muerte de Cristo en la Cruz todo nuestro ser ha sido redimido,

salvado, elevado. Se nos ha devuelto la vida y a nuestro cuerpo mortal, condenado a la

muerte, se le ha prometido la vida eterna. Sólo al ser asumidos por Él en nuestra integridad

fuimos salvados. Esta afirmación es también importante en nuestra vida personal. Lo que no

es asumido en nuestra vida, aceptado, integrado, no puede ser redimido por Cristo. ¡Cuánto

nos cuesta aceptar, asumir la cruz que nos toca llevar en el camino! Hemos escuchado de Jesús

que, si queremos seguirle, tenemos que cargar con la cruz de cada día. Sin embargo, con

frecuencia nos rebelamos. Miramos nuestra cruz y no nos gusta. Casi preferimos la de los

otros. Le pedimos entonces al Señor que nos la quite, que nos dé una cruz más llevadera,

menos pesada. Y, Cristo, de nuevo, nos pide que miremos la cruz, su Cruz, y así seremos

salvados. Nuestro Padre Fundador, el P. Kentenich decía: “

De entre todos los que quieren servir a

Dios, sólo pocos están dispuestos a renunciar por entero a su voluntad caprichosa y enfermiza. En

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verdad, son sólo muy pocos los que pueden repetir con Jesús, y desde lo más profundo del alma,

aquellas palabras del padrenuestro: 'Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielos’”.

Estas

palabras expresan lo que le ocurre con frecuencia a nuestro corazón que de desespera y deja

de confiar. Hoy, al mirar a Cristo, queremos poder repetir las palabras de Jesús y hacerlas

nuestras en cada momento de nuestra vida:

“Hágase tu voluntad”

“Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37), dice Jesús. Y nos quiere decir que, al mirarlo, lo

veremos todo tal como es y nos veremos a nosotros mismos tal como somos, lo

comprenderemos todo y nos comprenderemos a nosotros mismos y a los demás. “Cuando me

eleven sobre la tierra, atraeré a Mí todas las cosas." (Jn 12, 32). La cruz de Cristo nos atrae y le da

sentido al camino que recorremos. Sólo viendo el misterio de amor de la Muerte de Cristo

podemos acoger el dolor de nuestra propia muerte, de la cruz que nos hace sangrar. Él, que

todo lo podía, “

no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la

condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó

hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz”

. Cristo padece la muerte de la carne

que ha asumido. Se rebaja para elevarnos, desciende para que seamos levantados

. “Por eso

Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de

Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es

Señor, para gloria de Dios Padre.”

Y de la misma forma quiere Él que seamos elevados, salvados,

glorificados en la fuerza del Espíritu.

“No olvidéis las acciones del Señor.” Las palabras del Salmo nos hacen tomar conciencia de la

importancia de la fiesta de hoy. Hoy miramos la acción más grande del amor de Cristo. Su

último grito de amor entre los hombres. No podemos olvidar sus acciones.

“Cuando los hacía

morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el

Dios Altísimo su redentor. Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era

sincero con él, ni eran fieles a su alianza. Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los

destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor”. Porque la misericordia

de Cristo es su última palabra. Tiene misericordia de nuestro corazón que no sabe amar. Se

compadece de las ovejas que vagan sin pastor, perdidas en manos de falsos pastores. Nos

mira con amor a los que no miramos con amor a los que nos rodean. En nuestro pecado Dios

nos redime y nos salva, nos eleva, nos da la vida verdadera. Miramos hoy la cruz de Cristo

desde nuestra experiencia de pobreza. El otro día leía la definición de un niño del amor: “

Dios

pudo pronunciar unas palabras mágicas y quitar los clavos de la cruz de Cristo y no lo hizo, eso es

amor”. Sorprenden estas palabras en la boca de un niño. Y, sin embargo, son muy verdaderas.

El misterio tan grande de un amor que acepta morir en la cruz por nosotros, para que

tengamos vida, para que alcancemos la vida eterna. Ése es el misterio que hoy contemplamos

con humildad.

Jesús, en el Evangelio, en diálogo con Nicodemo, pone el acento en lo importante: “

Lo mismo

que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo

el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no

perezca ninguno de los que creen el él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al

mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él."

La salvación pasa por la

entrega por amor del hijo amado. Pasa por el absurdo de una muerte en cruz. Y, en verdad,

¡cuántas cruces hay que nos parecen absurdas! La cruz nos parece absurda porque el corazón

del hombre está hecho para la vida y no para la enfermedad y la muerte. Nos parece absurdo

el fracaso, cuando el corazón desea los bienes para su vida. Nos parece absurdo sufrir cuando

estamos llamados a la felicidad, a la alegría. El absurdo de la cruz no lo comprendemos, no

entendemos con frecuencia por qué Dios lo permite. Si nos quedamos en nuestra

incomprensión, permanecemos con la mirada fija en nosotros, en el sinsentido, y no somos

capaces de alzar los ojos hacia Cristo crucificado. Y esa mirada, sin embargo, es la que nos

salva.

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María permanece al pie de la Cruz. Desde la cruz, su Hijo nos la entrega como Madre. La

vemos representada en nuestra Cruz de la Unidad del Santuario. En ella, María permanece

junto a Cristo, recibiendo en un cáliz la sangre que mana de su costado, mirando con

compasión y sencillo amor, a su Hijo crucificado. María permaneció fiel al pie de la cruz de

Cristo. El dolor de la cruz, de la muerte de su Hijo, atravesó su corazón de Madre. Ella supo

mirar más allá del velo de la muerte. Supo ver la vida, la Resurrección, supo caminar con

esperanza. Ella elevó la mirada y miró al que traspasaron y su corazón recibió la vida. Por eso

Ella nos acompaña hoy en el camino y nos hace vivir en la esperanza. Ella nos enseña a mirar

la cruz, nos ayuda a alzar nuestra mirada.

Hoy miramos la cruz y le pedimos al Señor que aprendamos a cargar con ella con alegría. Hay

distintos tipos de cruces. Algunas livianas, llevaderas, y permiten, que los que las llevan,

puedan ser Cireneos del alma para otros y así puedan ayudarles a cargar cruces más pesadas.

Algunas cruces nos acompañan toda la vida, porque forman parte de nuestras debilidades, de

nuestros pecados habituales, de nuestras carencias. Quisiéramos que desaparecieran, pero lo

que Dios quiere es que las aceptemos y aprendamos a caminar con ellas. “

Mi gracia te basta”,

le decía Cristo a S. Pablo, cuando quería que le quitara el aguijón de la carne. La gracia de

Dios nos basta para cargar con la cruz que en mi alma se convierte en camino de Salvación.

Hay también cruces que están en nosotros, que dependen de nuestros miedos e inseguridades,

que nos acompañan cuando no somos capaces de abandonarnos confiados en las manos de

María, en las manos de un Dios providente. Por último, están las cruces dolorosas que

acontecen en momentos de nuestra vida. Son enfermedades, tragedias, fallecimientos. No los

comprendemos, nos rompen el alma, nos hacen casi perder la esperanza. Muchas veces, ante

estas cruces, gritamos en busca de una explicación, y no la encontramos, porque,

seguramente, sólo en el cielo veremos el tapiz de nuestra vida completo y entenderemos. Esas

cruces nos crean dudas, nos hacen incluso rebelarnos contra esa mano de un Dios que nos

quiere tanto y permite tanto dolor en nuestra vida. En esos momentos, ante esas cruces, sólo

cabe el abandono, la confianza plena, la entrega filial a un Dios, que toma en sus manos mi

vida y me promete que me va a llevar a la plenitud.

Hoy le pedimos a María la alegría y la paz, abrazados a la cruz de Cristo, abrazados a nuestra

propia cruz que nos hiere. Muchos santos se convirtieron al ver la forma cómo amigos suyos,

cristianos, vivían con paz y alegría serena la cruz pesada que les tocaba cargar. Vieron en ellos

una mano divina que los levantaba sobre el polvo del camino. Entendieron que sólo seguirle a

Él le podía dar sentido a sus vidas, y así lo hicieron. Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la

Cruz, cuenta su testimonio. Cuando vio cómo una amiga suya cristiana vivía la muerte su

marido, cambió de vida y comenzó a seguir a Cristo, guiada por el ejemplo de Santa Teresa de

Jesús. Si vivimos la cruz de Cristo abrazados a su cruz, con la mirada puesta en la vida

verdadera, con un corazón confiado y filial, Dios nos dará la paz serena de los que se saben

acogidos en el corazón de un Padre que ama con locura.

MISIONES VIESQUES 2008

Mi querida familia,

 

Hace 7 años el espíritu Santo suscito a través del Papa Juan Pablo II el corazón de un grupo de jóvenes a aspirar a lo más alto. A sentirse pequeños hijos predilectos y escogidos de María para llevarla al mundo… Era un anhelo difícil a hasta imposible de realizar pero desde le primer momento la Mater lo acogió, haciéndolo enteramente suyo.

En la pequeñez de su ser se encontraban guiados por la Mater en esta misión, Ella les guiaba por donde tenían que ir en la medida en que ellos se dejaban educar y amar.

El PK siempre decía que las generaciones venideras nos juzguen, y este año hemos tomado el testigo de este grupo que confió y se santificó por María y aunque ellos no estén presentes forman parte de cada momento de cada oración de cada sonrisa de cada conversación, del anhelo a llegar a lo mas alto solo por amor a la Reina….

Nosotros somos la generación venidera y en el año de San Pablo, que fue el primer misionero de la palabra de Cristo, María ha fijado sus ojos en esta comunidad de Viesques, dando fruto a una capilla desde donde ella establece su trono.

Con la visita de los misioneros que vinieron a la pre-misión la Mater abrió una rendija a la que podía ser su casa en Viesques ya que Don José Juan les lanzó la idea de hacerle algo a la Mater en el terreno de la parroquia. A partir de ahí los misioneros de Viesques empezaron a soñar con algo que parecía imposible, una ermita para nuestra Madre.

Desde el primer día que comenzó la misión en Viesques, nos pusimos manos a la obra pero sabíamos que no iba a ser fácil. En la primera misa invitamos a la parroquia a involucrarse y a partir de ahí todo fueron puertas abiertas. Dimos con una ferretería que nos presto material y que a su vez nos condujo al constructor de la parroquia que entusiasmado con este proyecto de la Mater, nos donó todo el material, este fue el primer milagro ya que en el segundo día de misiones teníamos todo el material necesario para empezar nuestro sueño.

Nuestro jefe, Manu, ya tenía el proyecto diseñado pero nunca imaginamos que iban a aparecer tantas dificultades…. La policía hizo su aparición dos veces, por imposición de un vecino al que le molestaba, que unos voluntariosos jóvenes, estuvieran haciendo una gran obra, pidiendo un permiso de obras, y que se iba hacer allí, para tramitarlo necesitábamos un aparejador y para ejecutarlo un profesional para supervisar la obra. Todos esos obstáculos encontrados hicieron de nosotros un continuo SI a la entrega siendo pequeñas cruces negras, la JF como pequeñas Marías adorando a Cristo y los JM  conquistando el terreno para la Mater.

 En cuestión de 24 horas la Mater manifestó su gloria resolviendo las dificultades haciendo que nuestro gran sueño continuara….

Un hito dentro de la construcción fue la peregrinación nocturna a los cimientos, para entregar nuestros símbolos en los cimientos siendo como San Pedro, pilares de la Iglesia.

 

Estas misiones han sido Santas y bendecidas solo podemos dar gracias, porque Ella nos  ha elegido para ser hijos de su Reino, y conquistar corazones, teniendo bien presente que quien quiere conquistar corazones, primero debe entregar el suyo como prenda.

 

“El Señor que entregó su vida por nosotros, no se contenta con recibir la mitad de nuestra vida, quiere enteros alma y corazón y no le basta el  resplandor pálido  de una mediocre entrega”

 

NOVENA DE SANACION


Hola Amigos y Amigas.......El Padre Ignacio es el cura sanador de Rosario, es excelente, ha hecho muchos milagros de sanación....rezar hace bien... Se que escogí a mis doce personas, y estoy seguro que recibiremos fortaleza, sabiduría, paz y luz divina. Esta es una novena del padre Ignacio, que empezó el 10 de Enero de 2005 y todavía no se ha roto.... Cuando la recibas, reza un Ave María y has un pedido especial....verás lo que sucede al 4 día de haberla recibido...'Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen. (Tu petición).... Por favor! No rompas esta novena, mándala a las 12 personas que crees merecen Justicia, Paz, Amor, Salud, Prosperidad y Verdad. Pero no la reenvíes, cópiala y pégala en un nuevo mail para que no se pierda......

VERANO CRISTIANO

Querido Señor, querida Mater. Son muchas las personas que reciben sin miedos la luz que viene de Jesucristo? Ciertamente, la experiencia enseña que quien se deja iluminar por esa luz, tiene una manera nueva de estar en la vida; ahí tenemos a los testigos de la fe, a los que en buen número hemos conocido porque eran de nuestra propia familia.

En este verano el Señor nos ofrece posibilidades nuevas, nos ofrece vivir realidades distintas que, sin duda, enriquecerán nuestra existencia. Las personas que en este tiempo llegan a Asturias y son muchos los asturianos que, viviendo aquí, se trasladan de un lugar a otro, bien para pasar unos días en su localidad de origen o para conocer mejor y detalladamente nuestra tierra.

Durante este período veraniego los cristianos que caminamos por Asturias tenemos una nueva oportunidad de anunciar a Jesucristo, de presentarlo creíble en medio del mundo. ¿Cómo hacerlo? A lo largo de nuestra existencia se nos presentan muchas posibilidades de encontrar nuevas formas de vivir. ¿Qué nos impide cambiar de marcha, tanto a quienes ya creemos, como a quienes dudan o no tienen fe?

San Pablo fue un hombre excepcional que vivió esta experiencia de cambio existencial en el camino de Damasco. Cuando Jesucristo se le presentó en aquél camino se dejó interpelar sin ningún miedo. La luz cegadora que le abatió de su montura, le ofrecía otras posibilidades bien distintas para andar los caminos de su propia existencia. Y él las aceptó, porque descubrió la vida con un sentido diferente y más hondo. ¿Por qué no podemos hoy nosotros.

1.      Acoger a todos.

Seamos capaces de suscitar este nuevo dinamismo que nace de la misma naturaleza humana y que hemos de contagiar a todos los que nos rodean. Esta actitud de vida, basada en recibir al otro, confiere la tensión de la búsqueda permanente que nos hace más humanos. Quien busca encuentra. Acogida es el afán permanente que Jesucristo nos enseña con su vida. Nadie se sintió extraño al lado del Señor, ni indiferente, pasando de todo. El Señor nunca se puso en contra del otro, sino que su acogida suscitaba situarse siempre ante uno mismo, pero a favor del otro. A este respecto, recordemos el encuentro de Jesús con Zaqueo. La acogida por parte del Señor, de su persona y de toda su familia, suscitó en Zaqueo la necesidad de situarse ante sí mismo y de desvelar el cambio que debía efectuar en su vida, colocándole en una perspectiva de estar siempre a favor de los otros (cf. Lc 19, 1-10).

Dejemos que el Señor suscite en nuestras vidas el dinamismo de la acogida, precisamente cuando en esta época de verano tetemos más tiempo para dedicar a nuestra familia o a los amigos y nos da ocasión de conocer nuevas personas. Experimentemos en nuestra existencia esta actitud de acogida, tal como Él la entendió. Hagamos que nuestra tierra sea lo que siempre fue, lugar de acogida y no de marginación y olvido; de distensión y aceptación del otro a quien recibimos no para nosotros, sino para sí. Acojamos para hacer de nuestra tierra casa de proximidad, semillero de fraternidad, escuela de solidaridad.

2.      Acoger con sentido

Hemos de permitir que se potencie en nuestra vida y en nuestra tierra, el dinamismo de la acogida inteligente. Estamos en el mundo para hacer lo mismo que el Señor hace con nosotros cuando lo dejamos entrar en nuestra vida. Con su presencia abre nuestra mente, nos da una óptica distinta para contemplar las cosas y los acontecimientos, generando en nosotros una actitud que nos agranda y desatasca el corazón. A la larga todo esto ayuda a hacerse verdadero, que es lo mismo que aprender a vivir y tener un criterio de verdad. Un saber que no es el del ilustrado, que responde fríamente con palabras y puras razones a quien le pregunta, sino que nos hace entrar en la verdad por medio del amor.

Recuerdo el texto del ciego de Jericó que sentado junto al camino pedía limosna y sintió el paso y el amor del Señor y le gritó con fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Su petición fue recogida por el Señor inteligentemente: «¿Qué quieres que te haga?» Y el ciego fue contundente: «¡Señor, que vea!» Realmente la acogida que hace el Señor, posibilita al ciego ver con una profundidad especial y única; le permite entrar en la verdad; Cristo le regala su mismo amor y le hace vivir. Precisamente por eso, «el pueblo, al verlo, alabó a Dios».

Nos hallamos ante un nuevo verano, un tiempo donde podemos descubrir y desarrollar las mismas actitudes del Señor, pero para ello hemos de permitir que en nuestra vida, y en la de otros, acontezca la experiencia del ciego. Es necesario que otros vean lo que realmente hay que ver, es decir, tengan entrada en la verdad por el amor que el Señor derrama en sus vidas.

 

 

3.      Acoger en Jesucristo

Queridos hermanos y hermanas que nos visitáis o que disfrutáis de un merecido descanso: seamos capaces de dejarnos acoger por Jesucristo. Nadie se hace grande sin la apertura a quien es realmente Grande, a quien es Camino, Verdad y Vida. La historia nos enseña que la falta de referencia a quien es Roca que sostiene, da seguridad, hace afrontar todo desde unas dimensiones absolutamente nuevas, tal y como nos ha sido revelado por Jesucristo, introduce al ser humano en un avasallamiento de su existencia que le empobrece, le rompe, altera su identidad y lo expulsa de la posibilidad de tener un desarrollo de vida en plenitud. La apertura a Jesucristo produce la conversión, actitud imprescindible para transformar nuestra vida y darle la identidad verdadera. Dejémonos acoger y seamos agradecidos de ser recibidos por Jesucristo. Él no tiene inconveniente en enseñarnos a querer, a saber más, a poder mucho más, a esperar siempre y a orar estableciendo un diálogo permanente con Él.


Estando en Asturias, Señor tú nos invitas a visitar a algún santuario mariano, o a orar ante un santuario peregrino. Peregrinando hasta allí, donde nos encontraremos todos. En los santuarios, María, reconstruye en auténtica fraternidad toda causa de separación y división que haya acontecido en nuestra vida. Junto a Ella experimentamos la acogida que da la Madre a sus hijos y percibimos el regalo que Ella entrega a quien hasta allí se acerca: Jesucristo mismo. Asimismo nos lo recuerda el acta de fundación de 1914:

“¡Sin duda! Sería una obra sublime, digna del esfuerzo y de la actividad de los mejores, si nosotros, los congregantes, lográsemos introducir en nuestro internado un ardiente amor a María, y una intensa aspiración a la virtud en los estudiantes, como no la hubo jamás aquí. Pero, ¿por qué me expreso con tanta timidez y reserva? ¿Acaso he perdido la confianza en vosotros? Cierto es que sólo quedan las ruinas de nuestra floreciente Congregación. Pero, de las ruinas brotará pronto nuestra vida. Garantía de ello es para mí vuestra fiel cooperación durante el año pasado y el auténtico espíritu mariano que habéis adquirido. Puede ser que durante las vacaciones, bajo el humo y el polvo de la vida diaria, se hayan desvanecido algunos ideales, que uno u otro propósito formulado durante el año y que hemos tenido por invariable, no haya resistido la prueba en la vida práctica. Pero una cosa nos ha quedado -estoy seguro de ello- y ésta es la convicción de que la auténtica grandeza moral y religiosa, según el estado de cada uno, es inseparable de un verdadero congregante. Y hoy, lo mismo que a fines del último año escolar, nos anima la voluntad de triunfar, de realizar el ideal de nuestra Congregación. No, mis queridos congregantes, no he perdido la confianza en vosotros. Sé que construyendo sobre lo que hemos alcanzado hasta ahora, haremos grandes progresos en este año, tal como nos lo habíamos propuesto el año pasado.”


Ante María, nuestra Madre y Reina victoriosa tres veces admirable. Con el deseo de que viváis un verano diferente, porque entráis en el dinamismo de la acogida, de la alianza, .
Renovemos nuestra alianza de amor, pidiéndole su protección y bendición para todo el verano.

Con María reina encenderemos el mundo,

Con Cristo su hijo, bendíganos la Virgen María.

 

 

 

 

 

 

ORACION DE MISIONES SCHOENSTATT ESPAÑA

ORACIÓN DE CORONACIÓN A MARÍA COMO REINA DE LA MISIÓN

Querida Madre y Reina:

Con nuestra pequeñez, y sabiéndonos hijos amados y elegidos,

venimos a proclamarte Reina de la Misión.

Tú sabes que estamos hechos de barro,

queremos amar hasta el extremo y por eso te pedimos:

obra Tú el milagro de sabernos siempre niños ante Dios,

de dejarnos modelar y guiar.

Y así, entregando sin límite,

Tú conviertas nuestro corazón en Santuario Vivo

que esté siempre dispuesto a crear hogar

ahí donde Tú quieras que estemos.

Que todos los que nos has confiado

amen a Jesús, vivan para Jesús

y aprendan a morir por Jesús.  Amén.

 

 

mes de las flores, mes de la mater.

Querida Mater, en este mes de mayo, cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de encontrarnos contigo, de dejar que tú nos mires y nos hables en nuestra vida diaria. Ayúdanos a descubrir lo importante que es contar contigo, abrirte con confianza las puertas de nuestras vidas y descubrir tu amor absolutamente gratuito, sincero por nosotros y los nuestros. Por eso en este mes queremos ofrecerte los frutos y las flores de virtud que al calor de tu devoción han brotado en el jardín de nuestras almas.

Bien quisiéramos que fuesen flores más bellas, sin espinas sin manchas pero no ignoras mater cuanta es nuestra miseria y pobreza. Míranos pues con ojos de compasión y riega y cuida tú misma este jardín que todo entero te lo entregamos a ti, para que produzcas las flores y los frutos que deseas y tienes derecho a esperar de nuestras almas.

1-     Tu presencia nos llena. También nuestro corazón se apacigua en este momento ante tu imagen.

Al tenerte ahora con nosotros, queremos recordar momentos especiales que hemos vivido junto a ti, agradecemos a Dios todo lo que hemos recibido de ti. Cuanto bien nos has hecho y sigues haciéndonos por las personas que nos regalas para trasmitirnos el regalo de la vida. Hoy tú, nos has salido al encuentro, porque necesitamos experimentar tu amor incondicional. Porque me ofreces en este instante y en todos los momentos de mi vida amor maternal ilimitado.

Sigo esperando hoy que tú me acojas y me animes

Cuando todos me dan la espalda

Y yo mismo me rebelo contra mis límites

Sonrío en lo más profundo de mí ser

Al recibir tus pequeños cuidados,

Que cubren mis necesidades con detalle y calor…

Con ese amor desinteresado, inamovible

Me tranquilizo al comprobar tu firmeza y fidelidad

A pesar de los grandes cambios que experimento

A mí alrededor y en mis sentimientos

Me sorprendo al ver cómo tú sacas lo mejor de mí

Y me quieres tal como soy.

Me viene a la cabeza tu imagen

Y a los labios tu nombre

En los momentos más oscuros de mi vida,

En los momentos de prueba,

De soledad, de toma de decisiones.

 

2-     Nos acercamos a este lugar que se te ha reservado en Asturias, para celebrar los dieciochos. Al mirarte, nos sentimos reconfortados.

Que grande que tú escogida entre todas las mujeres, nos quieras así como somos, sentirlo cambia algo en nuestro interior.

Por eso ahora queremos contemplar tu imagen y detenernos en tus rasgos delicados que nos hacen revivir como tu amor maternal nos libera. Tu cariño nos ha hecho crecer, tu confianza nos ha dado alas para no tener miedos, tu fe reafirma la nuestra, tu educación nos hace fuertes y alegres. Hoy te pedimos que nos asemejes a ti.

Dame mirar a las personas y situaciones como tú,

Con tu mirada serena y sin reproches

Atenta a las necesidades del otro.

(Pensemos en una situación de nuestra familia que requiera nuestra atención).

Que mis manos sean como las tuyas:

Seguras y tiernas

Que sostienen con firmeza

Y sirven con alegría.

(Pensemos en alguien a quien tengamos que sostener).

Que mis palabras sean como las tuyas:

Que eleven y dignifiquen,

Enciendan y despierten al tibio,

Y así, acerquen y hablen de Dios.

(Pensemos en alguien a quien tendríamos que escuchar y hablar con atención).

Madre, tú manto protege

A todos los que llevo en mi corazón

Llega allí donde yo no puedo llegar,

Y creo que donde tu estas

Se obran milagros de transformación.

Envuélveme también a mí y elévame, límpiame, consuélame, consuélame y transfórmame.

Cuanto me gustaría poder amar como tú.

3-     Queremos recordar, las vivencias de los días que tú has estado en nuestros hogares. En un momento de silencio, saboreemos lo que Dios nos ha hecho en nuestras casas durante este curso. Escribamoslas y depositemoslas en el cántaro, que el próximo 24 de mayo, serán llevadas al santuario, con motivo de nuestra peregrinación a Pozuelo. Que esta reflexión sea una preparación espiritual para nuestro encuentro con María en su santuario.

Madre danos tú amor y llénanos de fuerza para llevar a Jesús haya donde vallamos. Envíanos y haznos llegar a las personas que necesitan experimentar tu amor, por eso ahora como los discípulos reunidos en Pentecostes junto a ti, renovamos la alianza de amor.

BUSCO NUEVAS AMISTADES

Hola,  Soy  chus, apenas tengo amigos y poreso me anime a escrir estas lineas para encontrar amigos de verdad que me ayuden a salir, divertime, disfrutar y conocer gente maja  y legal.

  para si alguienkiere conocerme mi tlf es 606105956.

PASCUA

 Celebramos la Pascua: el paso de la muerte a la vida, el triunfo del SIERVO y de la SIERVA, la esperanza de los pobres, de los que son capaces de confiar completamente en la bondad de Dios y hacerse disponibles para la misión que de ser luz, testigos de la fraternidad y promotores de la justicia.

 Tu resurrección, Señor Jesús, llena de sentido tu vida, tu misión y tu propuesta. Es un canto que proclama el triunfo del amor sobre el pecado. Es la Vida que irrumpe doblegando el poder de la muerte.

 Son los pobres, los humildes, los sencillos, los misericordiosos, los de corazón limpio, con hambre y sed de justicia, que trabajan por la paz y que aceptan incluso ser perseguidos y calumniados por razón de la justicia. Son ellos, los que solo cuentan como José y María con un par de pichones para ofrecer sus vidas; los "locos", los que creen en la verdad, los que se atreven a amar incluso al enemigo; los que comparten, perdonan, sirven y lavan los pies a sus hermanos. Son ellos, sí, los que no buscan los primeros puestos sino que salen al encuentro del hambriento, del sediento, del preso, del desnudo y del enfermo. Son ellos, sí, y sólo ellos, los que acogen como María el plan divino y se ofrecen a si mismos como siervos, los que saben ver las necesidades de su prójimo, son ellos, y solo ellos, los que van caminando por un sendero cierto hacia la VIDA.

 Concédenos, Señor, la gracia de poder comprender lo que el Angel le anunciara a María: que “para Dios no hay nada imposible”. Ayúdanos a entender que la muerte no es la última palabra para nuestro pueblo; que en el corazón de nuestra historia, con dolores como de parto, se está gestando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, porque El ha mirado la humillación de sus siervo. 

1. COMUNIDAD DE COMUNIDADES

Tras la Resurrección de Jesús, llenos del Espíritu Santo y acompañados por la Virgen María, los discípulos de Jesús se reunieron formando comunidad. Anunciaron el Evangelio, y, donde quiera que iban, fundaban pequeñas comunidades de fe, esperanza y amor, centradas en Jesucristo y dedicadas a la Palabra de Dios, a la oración, la vida fraterna y al servicio. Compartían sus bienes y velaban por que ninguno pasara necesidad. Se organizaron como miembros útiles de un mismo cuerpo; unidos en un mismo espíritu se distribuyeron funciones y servicios. Como piedras vivas de un único Templo, cada uno cumplía su función. Se prestaban mutuo auxilio, y celebraban con gozo la Cena del Señor. Eran la alegría del pueblo, y motivo para que muchos acogieran la fe en el Señor.

2. EN DECIDIDA OPCIÓN POR LA VIDA.

A imitación de Jesús, los primeros cristianos se pusieron al lado de los débiles: Curaron a los enfermos, liberaron con la fuerza de Cristo a los que estaban oprimidos, acogieron a pecadores convertidos, atendieron huérfanos y viudas y se extendieron como familia principalmente entre los despreciados de la tierra. Hicieron colectas en favor de las comunidades pobres; repartieron sus bienes entre los más necesitados, y se lanzaron por el mundo entero a transmitir la Vida y la Verdad.

Llenos del Espíritu Santo, soportaron arrestos, tortura, frío, hambre, calumnias, persecuciones y martirio. Pero, a imagen del Maestro, respondieron bien por mal. Embriagados de Esperanza, no temieron a la muerte. Fortalecidos en el Amor de Cristo donaron sus vidas, para que el mundo tenga Vida y la tenga en abundancia.

3. CON ESPERANZA EN LA VIDA NUEVA

Estamos iniciando un nuevo siglo, un nuevo milenio. Estos años anteriores han sido de mucho sufrimiento para nuestro pueblo. Uno a uno, los grandes imperios, como aves de rapiña, nos han ido despojando de los bienes, de la vida, la cultura, la libertad y de la paz.

Pero nuestro pueblo, a pesar de su sufrimiento, ha sabido mantenerse como pueblo de esperanza. Nuestra gente sencilla, con Pablo recuerda, que ni la angustia, ni el hambre, ni la desnudez, ni la persecución, ni la espada podrán apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús (cf. Rom. 8).

Hemos de promover la esperanza. Con los pies en el suelo, la Biblia en la mano, los ojos en la realidad y el corazón en el pueblo, haremos de nuestra patria esa Tierra Nueva donde habite la justicia.

Y para esto nos anima la certeza de que María, que acompañó a Jesús desde su concepción hasta la cruz, nos estará acompañando para que la entrega de su Hijo, dé abundante fruto entre nosotros.

CAMINO DE CONVERSION

VIDA DIFICIL

SABES QUE

DIOS TIENE UN SUEÑO PARA TI.

TE INVITAMOS A DESCUBRIRLO

REFLEXIONES DE FE Y VIDA

Cada uno de nosotros alguna vez abra pasado por dificultades y hemos buscado en esos momentos consejo y ayuda. En algunas situaciones la ayuda humana no es suficiente y precisamos de la ayuda de Dios, en algunas ocasiones seguramente nos hayamos dirigido a El, porque estamos convencidos de que nos escucha gustosamente, en otras situaciones nos encomendamos a la intercesión de aquellos que han llevado una vida plena de amor a Dios y a los hombres a los que llamamos santos, porque ellos continúan después de la muerte con su obra de vida desde el cielo.

En nuestra vida estamos diariamente sobrecargados de exigencias y obligaciones. Nuestros intentos por cumplir con ellas nos hacen padecer estrés produciéndonos un vacío interior, enajenación en nosotros mismos y alejándonos de Dios.

 

 

 

Si sabemos que Dios nos acompaña, porque no interrumpimos de tiempo en tiempo, nuestras actividades materiales e intelectuales para alabarlo en nuestro interior, confesarle nuestra miseria y nuestra debilidad, ofrecerle nuestro corazón y agradecerle sus dones.

Seguramente se nos ha acumulado en nosotros interrogantes en cuanto a nuestro futuro.

¿ Cómo puedo distinguir los valores verdaderos de los aparentes?

¿ Cuál es el camino que Dios ha pensado para mí?

¿ Cómo puedo reconocer sus intenciones y designios?

 

Desde la eternidad Dios tienen trazado un plan preciso de nuestra vida. Lo determino en todos sus detalles, con sabiduría, omnipotencia y amor. Después lo dejo en manos de Maria para que ella se preocupe de su cumplimiento.

 

Frecuentemente nos podemos desanimar por disgustos en casa, con los amigos, fracasos en el colegio, en la universidad, en el trabajo... Cada día, trae nuevos problemas y muchas veces no sabemos como superarlos, de pronto nos sentimos pequeños y débiles y no encontramos ninguna salida. En estos momentos debemos robustecer aun más nuestra confianza a nuestro Padre del cielo y decirnos internamente, soy siempre feliz en las manos de Maria.

 

A diario ocurren atrocidades, y el hombre va siendo dominado por los instintos, las coacciones y el creciente egoísmo. El respeto por la vida y la dignidad del ser humano se pierde cada vez más llevándonos hacia un progreso muy negativo.

 

Según el plan divino, también las tentaciones y los pecados de toda especie nos llevan a sus brazos. Él los permite precisamente por eso. En tales casos no tenemos ningún motivo para extrañarnos o desanimarnos al contrario, a trabes de ellos nacerá en el alma una fuerte aspiración hacia lo alto.

 

A veces anhelamos un tú, un ser humano que nos comprenda a fondo; que no solamente encuentre en nosotros rasgos de simpatía, sino que nos acoja en lo mas profundo de su ser y que nos deje cierta independencia y que no nos explote.

 

Nuestro amor debe traer consigo una cercanía y una lejanía. Los amigos viven uno en el otro.  El corazón del uno es morada para el otro. No existe amor terrenal alguno que tenga asegurada su permanencia, sino está sumergido en el amor de Dios.

 

A veces nos cuesta creer en Dios, nos cuesta imaginárnoslo como Padre por los acontecimientos de la actualidad. Cristo nos parece en muchas ocasiones casi demasiado humano y no sabemos como aplicar esta verdad en nuestras vidas.

 

Maria nuestra madre celestial, es nuestro todo, ella es el imán que nos atrae, el anzuelo que rescata nuestros corazones de los males de la tempestuosa existencia, para llevarlos a Dios Padre que nos ama. Ella es el brazo de la misericordia divina extendido hacia nosotros.

 

Hay personas que se escandalizan de la iglesia. Solo miran sus aspectos humanos, materiales, históricos y visibles. Se retiran decepcionados y no ven la presencia misteriosa de Cristo en ella.

 

La iglesia tiene una misión y dentro de ella también la tenemos nosotros. Mirando la gran familia de Dios en la tierra desaparecen las aflicciones, apuros y necesidades pequeñas. Debemos sufrir profundamente nuestro interior con la iglesia pues somos miembros suyos.

 

La paz es el estado anhelado por todos y sin embargo se encuentra poco, las guerras y demás acontecimientos perturban la vida de la sociedad y el individuo. En algún momento nos vemos involucrados en estos grandes o pequeños acontecimientos y sufrimos por ello. Veamos en nuestros hermanos a Cristo y entreguémosles nuestro corazón.

CUARESMA

La
Cuaresma,
tiempo
de
conversión,
tiempo
de
esperanza

“El
presente,
aunque
sea
un
presente
fatigoso,
se
puede
vivir
y
aceptar
si
lleva
hacia
una
meta,
si
podemos
estar
seguros
de
esta
meta
y
si
esta
meta
es
tan
grande
que
justifique
el
esfuerzo
del
camino”
Spe
Salvi

La
cuaresma
es
ese
tiempo
que
Dios
nos
regala
como
preparación
del
corazón,
para
vivir
más
plenamente
la
Semana
Santa.
Es
un
tiempo
de
esperanza,
porque
Cristo
ha
vencido
y
nos
muestra
el
camino
que
hemos
de
seguir.
Pero,
ante
todo,
la
cuaresma
es
un
tiempo
de
conversión.
Nuestro
corazón
es
lento
y
necesita
de
estos
tiempos
de
gracia
en
los
cuales
pueda
volver
a
convertirse
a
Dios.
Sin
embargo,
nos
preguntamos:
¿Qué
significa
en
realidad
la
palabra
conversión?

Es
una
palabra
tan
oída
que
a
veces
puede
perder
su
contenido
más
auténtico.
Nos
hablan
de
conversión
pero
nos
cuesta
entender
cómo
va
a
ocurrir
eso
con
nosotros.
Ya
estamos
convertidos,
pensamos,
al
contemplar
cuánta
gente
a
nuestro
alrededor
no
cree.
En
comparación
con
ellos,
estamos
convertidos,
somos
cristianos
practicantes,
¿para
qué
necesitamos
un
tiempo
de
conversión?
Entonces,
reducimos
la
conversión
a
algún
propósito
poco
exigente,
que
nos
recuerde
la
cuaresma,
algo
así
como
comer
menos
chocolate,
fumar
menos,
no
beber,
rezar
cinco
minutos
cada
día.
Y
nos
quedamos
contentos,
no
conviene
exagerar.
Pero,
¿estamos
realmente
convertidos
o
sólo
convencidos?

Conversión
es
el
cambio
radical
del
hombre
viejo
al
nuevo.
Es
un
movimiento
desde
lo
viejo
que
hay
en
mí,
desde
lo
caduco,
hacia
aquello
que
es
nuevo
y
va
a
determinar
mi
vida
para
siempre.
Juan
y
Andrés,
al
encontrase
con
Cristo,
lo
dejan
todo
y
lo
siguen,
son
conversos.
El
comienzo
de
todo
cambio
es
la
búsqueda.
Juan
y
Andrés
buscaban
a
alguien
que
les
diese
sentido
a
sus
vidas.
En
su
corazón
había
una
insatisfacción,
una
soledad
que
no
calmaba
sus
ansias
de
infinito.
Por
eso
inician
un
camino
de
búsqueda.
Al
encontrar
a
Cristo
ven
colmado
su
anhelo
y
lo
siguen.
Seguir
a
alguien
es
dejar
lo
que
no
nos
bastaba
para
colmar
el
alma.
Es
iniciar
un
camino
cuyo
final
desconocemos.
Es
perseverar
en
aquello
que
vemos
como
el
sentido
de
nuestras
vidas.
Ésa
es
la
conversión
que
Dios
quiere
de
nosotros.

Por
eso,
la
primera
pregunta
al
comenzar
la
cuaresma
es:
¿Necesitamos
cambiar?
¿Buscamos
a
alguien
que
le

sentido
a
nuestras
vidas,
a
alguien
que
nos

razones
para
la
esperanza?
Puede
que
nos
hayamos
acomodado
en
nuestro
estado
de
cristianos
más
o
menos
comprometidos.
Ya
no
nos
hace
falta
cambiar,
ya
no
esperamos
nada
nuevo.
Son
otros
los
que
necesitan
el
cambio.
Sin
embargo,
la
Iglesia
celebra
cada
año
la
Cuaresma
para
recordarnos
que
la
conversión
es
un
camino
siempre
por
hacer,
para
invitarnos
a
esperar
la
novedad
de
Cristo
para
nuestras
vidas.
Pero,

¿Queremos
recorrer
este
camino?
¿Queremos
cambiar
aquello
que
en
nuestro
corazón
no
acaba
de
hacernos
felices?
¿Esperamos
el
cambio
con
un
corazón
alegre?

Conversión
es
un
cambio
radical
hacia
Dios,
es
hacernos
de
Dios,
es
ser
su
posesión.
1


La
Iglesia
en
este
tiempo
nos
recuerda
los
tres
pilares
de
ese
vivir
convertidos
hacia
Dios:
la
oración,
el
ayuno
y
la
limosna.
Pero
con
el
tiempo
hemos
hecho
de
este
tiempo
un
tiempo
triste
de
renuncias
constantes
esperando
el
día
de
la
Resurrección
del
Señor.
Estos
tres
pilares
de
nuestra
vida
cristiana
los
hemos
acabado
viendo
en
su
cara
negativa
y
poco
motivadora.
Hemos
hecho
de
la
oración
una
obligación
y
no
una
necesidad
del
alma,
hemos
convertido
el
ayuno
en
una
simple
privación
y
la
limosna
en
un
desprenderse
de
algo
que
nos
hace
falta.
Si
se
pierde
de
vista
el
sentido
de
estos
tres
pilares,
la
cuaresma
se
convierte
en
un
tiempo
triste
y
poco
constructivo.
En
un
tiempo
así,
la
verdadera
conversión
no
resulta.

La
oración
es
un
pilar
en
nuestra
vida
cristiana.
Esto
significa,
que
sólo
desde
un
encuentro
profundo
con
Cristo
es
posible
el
cambio.
Conversión
es
encuentro
y
seguimiento
de
alguien
que
le
da
respuesta
a
nuestro
anhelo.
Sólo
desde
esa
amistad
que
lo
transforma
todo
es
posible
la
conversión.
Esa
amistad
que
necesita
el
alma
se
cuida
desde
la
oración
personal
con
Dios.
“Orar
sin
cesar”
debería
ser
nuestro
lema
de
vida.
Sólo
cuando
vemos
la
oración
como
una
necesidad
vital,
cambia
nuestra
forma
de
vivir
cristianamente.

El
ayuno
tiene
sentido
cuando
nos
hace
más
libres
para
Dios.
Vivimos
llenos
de
esclavitudes
que
nos
atan
y
nos
impiden
volvernos
hacia
Dios.
Ayunar
es
renunciar
a
aquello
que
no
nos
deja
ser
libres.
Vivimos
un
tiempo
de
contrastes,
hay
personas
capaces
de
hacer
dietas
exigentes
para
lograr
coronas
que
perecen
y,
por
otro
lado,
hay
un
terror
a
la
renuncia
y
al
sacrificio.
Sin
embargo,
la
renuncia
nos
libera.
Si
miramos
en
nuestro
corazón
veremos
cuántas
cadenas
nos
atan
y
no
nos
dejan
volar
al
encuentro
con
Dios.
Éste
es
el
sentido
profundo
del
ayuno
en
nuestra
vida
cristiana.
Liberarnos
“de”
lo
que
nos
pesa
y
ata,
para
llegar
a
ser
libres
“para”
Dios,
para
lo
que
Dios
quiera
hacer
con
nuestras
vidas.

La
limosna
nos
vuelve
hacia
aquel
que
se
encuentra
cerca
de
nosotros.
Es
la
mirada
llena
de
misericordia
hacia
el
hermano.
Es
éste
el
acento
de
Benedicto
XVI
para
esta
cuaresma.
Volver
la
mirada
hacia
el
hermano.
Acercarnos
al
que
sufre.
Acoger
al
que
vive
sin
hogar.
No
hablamos
sólo
de
esa
limosna
económica
que
se
me
pide
con
el
necesitado.
A
nuestro
alrededor
hay
muchas
necesidades.
No
sólo
de
los
más
lejanos,
de
los
que
no
conocemos,
también
los
que
viven
con
nosotros,
los
más
cercanos,
son
los
que
más
necesitan
de
nosotros.
Ésa
es
la
limosna
que
Dios
nos
pide,
la
del
cariño,
la
de
nuestras
palabras
y
nuestro
tiempo,
la
de
nuestra
propia
persona.
Reducir
la
limosna
a
lo
económico
es
reducir
el
contenido
profundo
de
la
conversión.
Convertirnos
a
Dios
nos
hace
volvernos
a
aquellos
que
Dios
pone
en
nuestro
camino.
La
conversión
al
otro
nos
saca
del
egoísmo,
de
la
búsqueda
de
nosotros
mismos.

Al
comenzar
esta
cuaresma
deberíamos
preguntarnos:

¿Queremos
que
nuestra
vida
cambie
en
lo
más
profundo?
¿Estamos
dispuestos
a
dejar
aquellas
cosas
que
en
nuestra
vida
no
le
pertenecen
a
Dios?

Sólo
si
vivimos
este
tiempo
como
tiempo
de
conversión
es
posible
que
Dios
realice
un
milagro
en
nosotros.
Sólo
si
nos
abrimos,
Él
puede
realizar
lo
que
para
nosotros,
por
nuestras
fuerzas,
resulta
imposible.
Dejemos
que
Dios
entre
en
nuestras
vidas
y
nos
cambie
el
corazón.
Él
es
la
esperanza
que
le
da
sentido
al
camino
que
recorremos
cada
día.
Él
ya
ha
vencido
y
nosotros
recorremos
la
vida
en
Cristo
resucitado.

2

MI ORACION DE ALIANZA

Querida Madre y Reina.

Dichosa tú, que entre todas,

fuiste por Dios sorprendida

con tu lámpara encendida

para el banquete de bodas.

Con el abrazo inocente

De un hondo pacto amoroso,

Vienes a unirte al Esposo

Por virgen y por prudente.

Enséñanos a vivir;

ayúdenos tu oración;

danos en la tentación

la gracia de resistir.

 

Honor a la Trinidad

Por esta limpia victoria.

Y gloria por esta gloria

Que alegra la cristiandad.

 

Gracias porque Desde siempre María, me has ido cuidando y aumentando mi fe hasta tenerla tan grande como la tuya, y aceptar este si del Señor.

Y el  papel  importante ,que la  fe, que  de  forma  infusa siempre  me  ha  acompañado  en  los  momentos  más  importantes  de  mi  vida.

Gracias porque mi  enfermedad, sin  embargo  no  ha  podido  frenar  mi  deseo  por  llevar  una  vida  normalizada y poder superar las trabas, que siempre  han  aparecido, con tu ayuda y mi empeño. Sabía que bastaba que te lo presentase tan solo una vez, madre para que no parase hasta conseguirlo, y de no ser así sabia claramente que no era el momento o no convenía.

Gracias porque Desde niño siempre has hecho que tuviera predilección por asistir a la eucaristía, y si algún domingo por alguna casualidad no puedo acudir, siento que me falta algo. Con la eucaristía me has ayudado a descubrir mejor a Cristo,

Pero junto con la eucaristía también  has hecho nacer en mí la devoción por ti, la madre del Señor, la madre de todas las madres juntas, que sabe cuidarnos como solamente ella sabe.

Gracias María, porque siempre has sido mi compañera, siempre te llevo conmigo, en  diversas estampas y siempre que viajo llevo una imagen que coloco en la mesilla de noche de donde me aloje. Me acompañas en mi habitación y muchas veces me has acompañado en el hospital durante mis ingresos, si tu no me acompañas algo me falta.

Gracias María porque señalas lugares especiales para que te visitemos y te hablemos confiadamente y de este dialogo obtengamos una lección: gracias madre porque aprendí que cuantos sufrimientos pueda tener, siempre los hay mayores y aprender a llevarlos de la mejor forma posible, también, que la oración, es la forma más íntima y más eficaz de dialogar con Dios y unirnos a la iglesia universal. El rezo del rosario es una de las oraciones que más me gusta practicar, pues con esta práctica es como mejor se conoce al Señor.

Finalmente gracias madre porque también me has enseñado que La fe, no es un don para vivirlo de una forma privada y particular es un don, que se engrandece al vivirlo en comunidad. María ayudaste a los primeros discípulos a engrandecer su fe mediante la misión y hoy también me ayudas en mi misión.

En este momento, cabe reconocer querida madre y reina, mi imperfeccíon humana y que muchas veces el mundo me sedujo endureciendo mi corazón. Perdiendo la vigilia, y no estando atento cuando me expresaste tus deseos. Muchas reservas ocultas, me cansaron y enfriaron, muchas malas pasiones, me menguaron la fuerza del amor. Te pido perdón, por las veces que no puse amor, donde había odio, por las veces que no puse perdón, donde había ofensa, por donde no puse verdad, donde había error, por donde no puse esperanza, donde había desesperacíon, por donde no puse luz, donde había tiniebla, por donde no puse alegría, donde había tristeza, por cuando quise ser consolado, sin haber sido consolador, por cuando quise ser comprendido, sin haber comprendido antes, por cuando quise recibir, sin haber dado, por cuando no sentí la presencia del señor en su iglesia y me fije mas en el lado humano de ella, por cuando en algún momento no estuve dispuesto a cumplir tu voluntad, y saber leer los signos de los tiempos. Finalmente, te pido perdón, por las veces que no he podido ser testigo de tu amor en  el mundo. Pero querida madre, tú que abogas y escuchas mi petición, y haces que el padre las reciba y vea mis meritos, benignamente y me acoja en sus manos de padre.

Querida madre y reina, tú me conoces perfectamente, y pese a mis limitaciones, has querido, acompañarme por los caminos de mi vida, hasta llegar a este momento. Y por eso, quiero consagrarme por entero a ti. Te consagro mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, todo mi ser... Si te consagro mis ojos es para que desde ahora, Mater, todo lo que mire, lo esté mirando con tus ojos, y todo lo  que mire lo mire contigo.  Si te  consagro mi lengua, Mater, es para que desde ahora lo que estoy hablando, lo hable  contigo,  Mi lengua es tuya, y cuando hable, hablemos los dos juntos. Si te consagro todo mi ser, es para meditar contigo ¿qué fue lo que pasó hoy día, Mater? ¿Qué tengo que agradecer contigo al Señor?  ¿De qué tengo que pedir perdón? ¿Qué puedo ofrecerte hoy día?

En este acto de confianza mutua querida Mater, me atrevo a pedirte tu protección, ayuda y bendición para mis metas personales futuras. Ayúdame a finalizar con éxito mis estudios, haz de mí, un buen profesional de mi disciplina. Que toda actividad y decisión que tome, sea siempre por el bien de los demás y en pos de conseguir, un mundo más justo y solidario como adelanto del reino de dios aquí en la tierra. Haz de mí un faro de luz que acerque las almas a nuestro Señor y que todo tenga un fin evangelizador.

Concédeme la salud justa, como la me has concedido hasta ahora, para poder desempeñar todas las metas.

Permíteme que no se me haga duro el caminar y ver a otros avanzar, haz que pueda comprender, el ritmo que me tienes deparado.

Haz de mí un instrumento útil para tu obra, en medio de la sociedad con la que convivo donde solo impera la competividad, la rivalidad y la ley del más fuerte.

Querida Mater, acoge solicita bajo tu manto, a cuantos has puesto en mi caminar, y a cuantos has alejado. Acoge a mí familia, que siempre ha seguido el modelo de tu familia en Nazaret. Acoge a cuantos has de poner a mi paso, y a cuantos has de alejar de mí. A los corazones, que se endurecieron con el pasar del tiempo, y no quieren transformarse, ni quieren abrirse a la verdad. Acoge a todos mis familiares y conocidos que ya partieron hacia la casa del padre y aquellos que por ley de vida han de partir de este mundo, haz que puedan contemplar el rostro de dios cara a cara y nunca carezcan de la luz eterna. Finalmente acoge Mater, a las gentes de mi tierra, Asturias, gentes del campo y los hombres del mar, los mineros con su duro e inclemente trabajo, a los  niños y los ancianos, los enfermos y todos los que sufren en el cuerpo y en el alma, las familias y, sobre todo, los jóvenes, promesa del futuro, que buscan la razón y el sentido de su vivir.

Quiero ofrecerte eterna gratitud, y consagrarme a ti, con indiviso amor.

Amén.

 

 

 

                                                         

                                                        

                                                     Jesús  Manuel  Cedeira Costales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TESTIMONIO

                                   TESTIMONIO:

 MARIA MEDIADORA NUESTRA; A JESÚS POR MARIA

 

Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Sr. D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo.

Hermanos:

  Muchos de vosotros ya me conocéis, otros vais ha conocer un poco mas de mi.

  Soy  Jesús  Manuel  Cedeira  Costales, tengo  veintisiete  años, estoy finalizando mis estudios  de  psicología  en  la  universidad  de  Oviedo.

  A  los  siete  meses   me  diagnosticaron  una  distrofia  muscular  espinal, también  conocida  como  enfermedad  de  Werning  Hoffmán, enfermedad  congénita, que  debilita  progresivamente  toda  la  musculatura  corporal, a  causa  de  esta  enfermedad, no  puedo  realizar  ningún  movimiento, salvo  el  de  cabeza, y  por  eso   me  traslado  en  silla  de  ruedas. Desde siempre Maria, ha ido cuidando y aumentando mi fe hasta tenerla tan grande como la suya, y aceptar este si del Señor.

  Desde  pequeño  y  desde  un  principio  siempre  lo  asimilé, ya  que  desde  siempre  me  gustó  estar  informado del  proceso  de  mi  enfermedad.

  Por  mis  padres, siempre  fui  tratado, al  igual  que  otra  persona  normal, y  sin  diferenciación  de  mi  hermano, dieciséis  meses  menor  que  yo. Pues Maria siempre presenta a su hijo las necesidades de todos y el da la luz y el amor para hacerlo todo fielmente, Maria es la gran educadora de la Sagrada Familia y de ella hemos tomado su ejemplo.

  Tengo  mucha  ilusión  por  vivir. Nunca  estoy  amargado  o  aburrido. En  mi  ilusión  en  la  vida, ha  jugado  un  papel  importante, la  fe, que  de  forma  infusa siempre  me  a  acompañado  en  los  momentos  mas  importantes  de  la  vida.

  Mi  enfermedad, sin  embargo  no  a  podido  frenar  mi  deseo  por  llevar  una  vida  normalizada, sin  embargo  siempre  han  aparecido  trabas, pero  con  empeño. Y  cuanto mayores  son  las  trabas, mas  fuerza  moral  tengo, y  mas  lucho. Se que basta que se lo presente tan solo una vez a la madre para que no pare hasta conseguirlo, y de no ser así se claramente que no es el momento o no conviene.

  Mi  primer  contacto  con  la  enseñanza, vino  con  una  profesora  particular, pues  no  había  ningún  colegio que  tuviese  integración  cercano  a  mi  residencia. Con  mi  tenacidad  y  la  de  mi  familia, insistimos  para  mi  escolarización  ante  la  delegación  del  ministerio  de  educación, se procedió a  mi  escolarización, se  fueron  superando  las  barreras, curso  a  curso. Y  llegó  la  selectividad, superé  los  exámenes  orales  con  nota, como  para  optar  por  cualquier  carrera. Opte  por  psicología, y  aquí  comenzó  una  nueva  carrera.

  Mi  llegada  fue  dura, el  primer  día  de  clase entre  y  me  puse  en  el  pasillo  en  la  primera  fila. Nadie  se  sentó  a  mi  lado. Así  pase   mi  primer  mes  en  la  universidad. Cada  día  mis  padres  me  trasladan  desde  Gijón  a  Oviedo, me  ayudan  a  entrar  en  el  centro, y esperan  el  final  de  las  clases. En  clase  fui  asistido  por  becarios, pero  no  fue  la  solución  mas  correcta, actualmente, me ayuda  una  compañera, que  tras  cuatro  años  así, se  a  brindado  a  ayudarme. Una  de  mis  mayores  dificultades  a  la  hora  de  estudiar, son  los  apuntes. Los profesores  no  me  los  facilitan, y cuesta  mucho  que  lo  hagan  mis  compañeros.

  Las  barreras  arquitectónicas  son  muchas  pero  no  duelen  tanto  como  las  humanas. Lo  que  mas  lamento  es  la  falta  de  compañerismo, pero  soy  luchador, he  abierto  camino  y  lo  seguiré  haciendo.

  Como  joven  católico  practicante, rechazo  la  eutanasia. Hay  que  intentar  mantener  la  vida  y  los  ánimos  de  vivir  siempre. Cualquier  problema  que  se  pueda  tener siempre  terminara  por  resultar  mas  fácil  de  llevar.

Desde niño siempre he tenido predilección por asistir a la eucaristía, y si algún domingo por alguna casualidad no puedo acudir, siento que me falta algo ese día, pues en la eucaristía donde Cristo triunfa en la tierra y se hace guía, luz y esperanza del que sufre. Se convierte en salud y fuerza del enfermo. Con la eucaristía descubro mejor a Cristo y me uno a él para caminar juntos por los múltiples y difíciles caminos del mundo.

   Pero junto con la eucaristía también nace la devoción por la madre del Señor, Maria es la madre de todas las madres juntas y sabe cuidarnos como solamente ella sabe.

   Maria siempre ha sido mi compañera, siempre llevo conmigo diversas estampas y siempre que viajo llevo una imagen que coloco en la mesilla de noche de donde me aloje. Me acompaña en mi habitación y muchas veces me ha acompañado en el hospital durante mis ingresos, si ella no me acompaña algo me falta.

   En cinco ocasiones, peregrine a Lourdes y tres a Fátima. Maria señala lugares especiales para que la visitemos y allí la hablemos confiadamente y de este dialogo obtengamos una lección: de Lourdes, aprendí que cuantos sufrimientos podamos tener, siempre los hay mayores y aprender ha llevarlos de la mejor forma posible, de Fátima, la oración, es la forma mas íntima y mas eficaz de dialogar con Dios y unirnos a la iglesia universal. El rezo del rosario es una de las oraciones que más me gusta practicar, pues con esta práctica es como mejor se conoce al Señor.

   La fe, no es un don para vivirlo de una forma privada y particular es un don, que se engrandece al vivirlo en comunidad. Maria ayudo a los primeros discípulos a engrandecer su fe mediante la misión y hoy también nos ayuda y me ayuda en mi misión. Actualmente  soy  un  activo  colaborador  de la  comunidad  parroquial, Beato Juan XXIII de Gijón. Soy  el  responsable del  grupo  de  la  pastoral  de  la  salud  y  secretario  de  la  asociación  juvenil  Beato  Juan  XXIII. Y desde el verano del 2005 colaboro en los talleres de las misiones universitarias del movimiento de Schoenstatt y en las pasadas navidades, participe por primera vez  como misionero oficialmente en las misiones de invierno.

   Maria fue la primera misionera. Le invadió el gozo de creer y tuvo la necesidad de compartirlo con Isabel, su prima. Yo al igual que Maria me surgió la necesidad de compartir con los demás mi fe y enriquecerme de la fe de los demás, por ello la ilusión que yo tenía por estar con vosotros en la misión , para ver las señales de Dios y acoger su palabra.

    Aun tengo en mi recuerdo muy vivo los momentos de oración, tan profundos y a la vez tan sencillos, la tarde en la que estuvimos preparando la vigilia de jóvenes y como aprendimos los unos de los otros, la emotiva cabalgata de reyes que nos hizo volver a ser niños y dejarnos llenar de ilusión etc. Pero sin embargo, lo que mas mella me hizo fue que un grupo de veintiún jóvenes, apenas en tres días pudiésemos formar una comunidad viva de creyentes en una sociedad que apenas da valor a la fe y lo religioso y movernos y hacer ruido para abrir las puertas a todos en una ciudad en la que formar un grupo de creyentes es una tarea muy costosa. Dios se deja oír allí donde se emprende camino.

   Que Maria en estas misiones de verano 2007 nos ayude presentando a su hijo nuestras necesidades, el vino que nos falta para poder hacer lo que él nos diga y no tener otra respuesta que lo que él nos insinúe, así sea.

   Con Maria encenderemos el mundo, Madre nada sin ti, nada sin nosotros.

  Gracias  por  haberme  escuchado  y  me  tenéis  a   vuestra  entera  disposición.

 

 

 

                                      Jesús  Manuel  Cedeira Costales.                     

 

                                       Gijón 22 de Julio de 2007.